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Museo de la Memoria: Avances en obras y plan de apertura hasta 2029

Museo de la Memoria retoma obras tras tres años y define una apertura por fases hasta 2029


Después de una larga suspensión por líos contractuales, disputas judiciales y falta de presupuesto, el Museo de la Memoria en Bogotá vuelve a encender motores con un plan escalonado: abrir una parte al público en 2027 y culminar el proyecto en 2029.

Una reactivación orientada a lograr efectos palpables en el corto y mediano plazo

Tras más de tres años detenido, el proyecto del Museo de la Memoria —bajo la órbita del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH)— vuelve a obra con un cronograma que prioriza habilitar áreas esenciales antes de la entrega total. La apuesta consiste en abrir parcialmente el edificio hacia el final del primer trimestre de 2027, para luego avanzar hasta la culminación en 2029. La obra se localiza en la intersección de la carrera 30 con la avenida de Las Américas, un punto neurálgico de Bogotá que facilitará el acceso del público una vez operen los primeros espacios.

El plan de reactivación arranca con la adecuación de 5.277 metros cuadrados, aproximadamente un tercio del complejo, suficientes para poner en marcha salas iniciales, áreas técnicas y servicios básicos para visitantes. Esta estrategia de fases no solo responde a los tiempos de presupuesto, sino también a la necesidad de devolverle ritmo a un proyecto que, por su simbolismo y alcance cultural, ha cargado con expectativas de víctimas, organizaciones sociales y ciudadanía en general. Con esta hoja de ruta, el CNMH busca mostrar avances concretos sin comprometer la calidad ni la seguridad de la construcción.

Qué se entregará primero y cómo funcionará la apertura gradual

La primera etapa de la nueva fase contempla completar el vestíbulo principal y los accesos exteriores, habilitar servicios al visitante —recepción, punto de información, tienda y cafetería— y abrir una sala inicial de exposiciones. Entre los contenidos previstos figura “Voces para transformar Colombia”, un hito curatorial que será eje del guion general del museo y que, tras el levantamiento de medidas cautelares por parte de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), contará con un espacio propio. Esta decisión judicial despejó un obstáculo clave: garantizar que los relatos y memorias incorporen pluralidad y participación efectiva de las víctimas.

En paralelo, se adecuarán las áreas técnicas esenciales para el funcionamiento diario: una parte de los parqueaderos y de las zonas de apoyo en el sótano, junto con bodegas destinadas a resguardar colecciones. El segundo piso contará con otra sala de exhibición y un grupo de oficinas que facilitará al equipo del museo trasladar allí sus operaciones, reforzando su presencia institucional en el lugar. La idea es que, con este “núcleo operativo mínimo”, el museo pueda comenzar a recibir público y desarrollar actividades abiertas mientras avanzan las obras en el resto del complejo.

Contenidos curatoriales y experiencias previstas en los primeros niveles

La programación expositiva planteada pretende articular experiencia, archivo y labor pedagógica, y en su primer nivel se propone activar espacios de fuerte simbolismo y arraigo comunitario, como el “Café para la paz”, un muro destinado a honrar la memoria de las personas víctimas de desaparición forzada y dispositivos participativos como las “constelaciones de la memoria”; estos elementos buscan generar un punto de encuentro entre memorias locales y relatos de alcance nacional, promoviendo prácticas de duelo, reconocimiento colectivo y diálogo ciudadano.

En el segundo nivel, la sala “Conflicto” presentará una línea de tiempo que abarca hitos desde finales de los años treinta, incluyendo las transformaciones en el campo, la aparición y evolución de diversos actores armados, la influencia del narcotráfico, el efecto sobre los liderazgos sociales y las etapas que desembocan en el Acuerdo de 2016. Esta organización no busca cerrar discusiones, sino brindar un soporte cronológico y documental que facilite a las audiencias comprender los procesos, detectar sus patrones y reconocer la diversidad de voces que integran la memoria del país.

Presupuesto, calendario y el contrato de obra actualizado

Para poner en marcha la reactivación se aseguró un paquete inicial de recursos. En 2025 ya están apropiados 21.000 millones de pesos, que, sumados a saldos del proyecto, completan alrededor de 37.000 millones para retomar frentes críticos. Para 2026 se proyectan otros 29.000 millones, con un costo total estimado en el entorno de los 100.000 millones para completar la construcción. Esta ingeniería financiera por vigencias permite avanzar por etapas y reducir la exposición a retrasos por disponibilidad de caja.

La ejecución del proyecto, que comprende unos 14.000 metros cuadrados de edificación, fue encomendada al Consorcio Memorial, conformado por Ossa López S.A.S., Telval S.A.S. y Bernardo Ancízar Ossa López. La elección de este contratista representa un giro respecto a la fase anterior, que concluyó con la retirada de la empresa española OHLA tras repetidos retrasos y la finalización del contrato en octubre de 2022, momento en el que la obra aún no lograba el nivel de avance previsto. El nuevo operador afronta el desafío con un diseño reorganizado en etapas y objetivos parciales verificables, lo que debería reflejarse en un control más estricto de los tiempos y los entregables.

Precisiones acerca de la estabilidad estructural y la resistencia sísmica

Una de las polémicas que rodearon el proyecto fue un informe interno divulgado en 2023, según el cual existían deficiencias en muros y concretos a la vista que podrían afectar la sismorresistencia. Desde la dirección del CNMH se ha desestimado la validez de ese documento, señalando que los conceptos técnicos competen a la Agencia Nacional Inmobiliaria Virgilio Barco (ANIM), entidad responsable de grandes proyectos de infraestructura del Estado y del seguimiento técnico de esta obra. De acuerdo con la dirección actual, no hay reportes oficiales que confirmen fallas estructurales ni incumplimientos de norma sismo resistente.

La reanudación, en todo caso, integra verificaciones adicionales, controles reforzados y una trazabilidad más rigurosa de los procedimientos constructivos, orientados a proteger el proyecto frente a objeciones técnicas y a asegurar el rendimiento del edificio. Estos criterios podrán ser auditados, un punto clave para un museo que busca posicionarse como referente nacional e internacional tanto por su propuesta expositiva como por su arquitectura.

Intervención de las víctimas y verificación del guion museológico

El relanzamiento del proyecto viene acompañado de un compromiso explícito con la participación social. El CNMH informó que el plan y el guion museológico han sido actualizados y que se encuentran en procesos de validación con organizaciones de víctimas y actores sociales. Se prevé implementar metodologías de trabajo en territorio, de modo que los seis espacios principales del guion integren narrativas plurales, enfoques diferenciales y mecanismos de participación verificables.

Esta ruta es clave para la legitimidad del museo. Al reconocer que la memoria del conflicto es poliédrica y a menudo disputada, el proyecto asume el reto de construir relatos que no invisibilicen experiencias, que cuiden el lenguaje y que propicien preguntas informadas. La exposición “Voces para transformar Colombia”, ahora sin restricciones cautelares, será la base articuladora del relato integral del museo, conectando memorias locales con una lectura nacional del ciclo de violencia y sus transiciones.

Lecciones del pasado reciente y ajustes de gobernanza del proyecto

El Museo de la Memoria tiene una historia compleja desde su gestación. El diseño del edificio provino de un concurso de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, pero el presupuesto estatal inicial no alcanzaba para materializar el proyecto ganador en su integralidad, lo que obligó a recortes y ajustes técnicos. La adjudicación de 2020 a OHLA por 64.000 millones derivó en atrasos persistentes, cierre de contrato y litigios cruzados: la empresa demandó por cerca de 23.000 millones alegando problemas de diseño y ejecución, mientras que la ANIM presentó contrademanda por unos 55.000 millones por supuestos incumplimientos y fallas de calidad. Estos procesos siguen su curso y podrían tomar tiempo en resolverse.

Para destrabar la parálisis, la ANIM y el CNMH llevaron a cabo un cierre legal y financiero que estimó en cerca de 100.000 millones el costo de reactivar el proceso, estructurando un nuevo proyecto de inversión con vigencias para 2025, 2026 y 2027. También se implementó un esquema de hitos por etapas con metas verificables, lo que hace posible exhibir progresos relevantes al público sin aguardar la conclusión total. Esta forma de gobernanza por segmentos procura reducir riesgos y optimizar la articulación entre la supervisión técnica, la interventoría y el contratista.

Un museo comprometido con el servicio público y una memoria diversa

El propósito esencial del Museo de la Memoria trasciende su diseño arquitectónico, pues su verdadero valor reside en brindar un espacio para comprender el conflicto armado, reconocer la dignidad de las víctimas y fomentar prácticas orientadas a evitar su repetición. La apertura parcial prevista para 2027 hará posible poner en marcha servicios al público, iniciativas educativas y áreas para el encuentro comunitario, incluso mientras continúan los trabajos de construcción. Esta etapa será además una ocasión para ensayar contenidos, modificar rutas de visita y consolidar estrategias pedagógicas sustentadas en la retroalimentación de visitantes y colectivos.

En esa línea, la curaduría apuesta por evitar lecturas únicas o cerradas. La inclusión de cronologías, archivos, testimonios y dispositivos de participación busca que cada persona encuentre herramientas para interpretar el pasado reciente y posicionarse frente a sus desafíos éticos y políticos. El museo, concebido como bien público, se propone operar con criterios de transparencia, apertura a la crítica y rendición de cuentas sobre sus decisiones curatoriales y administrativas.

Próximos pasos y horizonte hacia 2029

Con la contratación en firme, recursos comprometidos y un plan por fases, el corto plazo se enfocará en obras civiles del vestíbulo y accesos, adecuaciones técnicas del sótano, terminación de la primera sala y el acondicionamiento del segundo nivel para la operación institucional. En paralelo, continuarán las validaciones del guion con organizaciones de víctimas y el diseño de experiencias museográficas que equilibren rigor histórico y accesibilidad para públicos diversos.

Si el cronograma se cumple, el museo pondrá en marcha una operación parcial a comienzos de 2027 y, de manera gradual, ampliará sus servicios hasta culminar la totalidad del edificio en 2029. Aunque ese plazo no borra desafíos como la administración de recursos, la estabilidad de los costos o la articulación entre instituciones, sí plantea una ruta viable para que el país cuente, al fin, con un espacio de memoria que esté a la altura de la dimensión de su historia reciente. Esta reactivación no solo impulsa la construcción física, sino que también abre la posibilidad de retomar un diálogo social pendiente que, con prudencia y diversidad, podría transformar la memoria en un instrumento vivo para la paz.

Por Khasan Ibragimov